Historia

Cuando a partir del curso 1987-88 me hice cargo de la asignatura de "Dialectología hispánica" de la Licenciatura de Filología Hispánica de la UAM y me sumergí en la bibliografía entonces disponible sobre esa materia, pronto me resultaron evidentes varias carencias: en primer lugar, la atención preferente dedicada a la dialectología fonética y léxica; en segundo, la escasez de monografías centradas en el español peninsular, en contraste con la abundante bibliografía de estudios sobre el asturleonés y el aragonés; y por último, la ausencia de corpus textuales que permitieran buscar respuesta a las preguntas que me asaltaban: los estudios dialectales al uso no solían transcribir materiales genuinos, salvo listas de palabras o, si había fortuna, alguna frase. Si la monografía presentaba textos dialectales, rara vez éstos eran transcripciones de un discurso hablado sino artificiosas composiciones creadas, bien por el dialectólogo de turno, bien por alguna "autoridad" local en el dialecto, que quería mostrar en ese breve pasaje todas las "características" más destacadas del mismo. La dialectología se centraba, además, en la detección de las soluciones no estándar o diferenciales respecto de la lengua estándar, sin reconocer la simultánea convivencia de las mismas con variantes de carácter más general. No parecía posible, en esa situación, emprender un estudio adecuado de muchas de las soluciones dialectales del español: las carencias descriptivas limitaban el análisis teórico de los datos.

Ante estas carencias (que todavía no pueden considerarse suplidas), me pareció que la dialectología debía dejar de ser en la UAM una materia sólo basada en fuentes bibliográficas y que había que comprobar sobre el terreno cuál era la realidad del español hablado en zonas rurales. Me inspiraba para ello en el ejemplo de Diego Catalán, al que había tenido la suerte de escuchar como profesor de "Dialectología". Catalán, a la par que introdujo una renovación teórica en la dialectología de su tiempo, cuando aplicó el estructuralismo a la interpretación de soluciones dialectales allá por los años cincuenta, era un experto investigador de campo al que había tenido la suerte de acompañar en varias encuestas dedicadas a la recolección del romancero tradicional. Animada por ese propósito, obtuve apoyo del Departamento de Filología Española y de la Facultad de Filosofía y Letras para organizar un viaje de prácticas de dialectología, cuya subvención fue preciso tramitar cada curso hasta que, años más tarde, la actividad consiguió el reconocimiento del Rectorado de la UAM como "Prácticas de campo" de la Facultad de Filosofía. Una gran parte de las grabaciones del COSER se han recolectado durante estos viajes de prácticas y se han transcrito de forma preliminar como parte de los trabajos de curso o de fin de grado. Otra parte se ha recolectado y transcrito en el marco de proyectos de investigación específicos (véase Financiación).

En un principio, las encuestas se diseñaron para documentar, ante todo, el uso de los clíticos, pero pronto fue manifiesto que era posible estudiar otros muchos aspectos sujetos a variación que no habían recibido la atención que merecían. Desde entonces, ha sido posible avanzar en el conocimiento de diversos aspectos gramaticales cuya interpretación había estado hasta ahora condicionada por la escasez de los datos presentes en la lengua escrita o en el habla de los grupos socioculturales de mayor formación educativa. Ese avance en nuestra comprensión de ciertos fenómenos, como el uso peninsular de los pronombres átonos de tercera persona, el llamado neutro de materia, el desplazamiento del imperfecto de subjuntivo a favor del indicativo o el empleo de los pronombres reflexivos, ha cristalizado en diversas publicaciones y tesis doctorales, desde los años 90 hasta el momento actual. A este interés se ha añadido la posibilidad de investigar algunos cambios fonéticos, en especial, en su relación con la gramática.

La historia del COSER es a mi juicio un ejemplo de cómo se puede combinar la investigación con la docencia de forma que ambas se enriquezcan y beneficien con una inversión relativamente modesta. Gracias al apoyo continuado que implica la actividad docente y la participación de múltiples generaciones de estudiantes, se ha podido acopiar un corpus cuya magnitud hubiera requerido en enorme y largo esfuerzo inversor, difícilmente compatible con los plazos habituales de las convocatorias de proyectos de investigación. De otro lado, mediante el enfoque investigador, los estudiantes afrontan, como parte de su aprendizaje, dimensiones aplicadas de la materia. Por una parte, se ponen en contacto con la metodología de la entrevista sociolingüística y los problemas que plantea a través de una experiencia real. Por otra, la conversación grabada se convierte en el material de partida del trabajo de curso, en que el alumno debe enfrentarse a los datos lingüísticos "en bruto", disfrutando así de la oportunidad de confrontarlos con la bibliografía específica y de poner a prueba su capacidad de análisis y de razonamiento sobre materiales reales, y no puramente librescos. Además, los datos recolectados en el COSER han permitido crear un repertorio extenso de fenómenos dialectales que se ofrecen como muestras dialectales, tanto al estudiante de la UAM como a otros potenciales usuarios interesados en la dialectología del español.

Hay otros muchos enseñanzas que destilan las actividades en torno al COSER. El carácter colectivo del proceso exige necesariamente el trabajo en equipo y la colaboración de los diversos eslabones de la cadena. La convivencia y trabajar en equipo dicen mucho de las personas, de sus cualidades y de sus capacidades para tolerar, conciliar, atenerse a los protocolos y obtener un logro final. A lo largo de los años, he presenciado amistades y noviazgos -aunque debo confesar también que algunos exiguos conflictos-. También he tenido la suerte de disfrutar de la fidelidad recurrente de algunos cuantos sempiternos adictos a las encuestas y de su inagotable curiosidad por las hablas de los pueblos.

Junto a los encuestadores, los informantes han sido un estímulo incesante para no cejar en el empeño. Las grabaciones del COSER ofrecen numerosos testimonios personales, muchas veces más interesantes en su dimensión humana que en la lingüística, sobre la vida en la España rural en la segunda mitad del siglo XX. Al tratar de cómo fue la vida "de antes", los informantes tienden a ejemplificar con la propia vida o de su familia, que resulta así a menudo relatada, si bien no siempre en orden cronológico, de forma equiparable y complementaria a los proyectos de historia oral. Hemos escuchado historias atroces de penuria y miseria, de dolor e injusticia, pero también de alegría y nostalgia. Hemos entrevistado gentes parlanchinas e inteligentes y otras -las menos- taciturnas y oscuras. De todos hemos aprendido.

Inés Fernández-Ordóñez
Noviembre de 2015